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Relaciones entre las vanguardias en Polonia y España

Relaciones entre las vanguardias en Polonia y España

Tadeusz Peiper: El guardagujas de la vanguardia
por Inés R. Artola

Inaugurada en mayo en el Museo Nacional de Varsovia “Tadeusz Peiper en Polonia, España, Europa” es algo más que una exposición. Es el fruto de varios años de investigación de Piotr Rypson ( comisario y vicedirector de esta institución) en colaboración con Juan Manuel Bonet y Monika Poliwka; es una ocasión sin precedentes para ver obras de colecciones internacionales en la capital polaca; es, también, el pretexto perfecto para una publicación en la que autores de varias especialidades y nacionalidades han volcado sus investigaciones aportando nuevos datos e interesantes perspectivas; y es,  además, algo que aquí nos toca de muy cerca: la prueba de las conexiones artísticas entre Polonia y España a principios del siglo pasado, el momento clave en el que se gesta el pensamiento del artista y del hombre contemporáneo.

Tadeusz Peiper fue poeta, ¿cómo y por qué dedicarle una exposición? La idea, ambiciosa y llegada a muy buen puerto, es la recreación del ambiente artístico en el que no solo se vio rodeado su protagonista sino del que fue un verdadero impulsor y catalizador. Siguiendo los pasos de Peiper seguimos el camino del arte polaco, español, europeo; sentimos su pulso, cuyo bombeo continúa hasta hoy día.

Empezando por el final, decir que Peiper en sus últimos años vivió aislado y fue incluso conocido como “el solitario de Mokotów”, muriendo en desoladoras circunstancias. Cuesta creer si nos aproximamos a una figura que escribió imparablemente desde edad temprana, que se rodeó de artistas y pensadores, que viajó e impulsó el arte a través de su propia revista. Son los años de juventud y primera madurez de Peiper un periodo de frenesí creador, de movilización en el campo artístico y poético hasta llegar a ser, con toda causa y sin discusión, una figura que repercutió en el futuro de la cultura de su país. Por eso esta muestra se centra precisamente en estos años clave para comprender el cambio artístico, literario y de pensamiento del que fue testigo y que, en cierto modo, dirigió.

La exposición es, al mismo tiempo, un recorrido por las ciudades donde Peiper vivió, los contactos que hizo, la huella que dejó y dejaron en él.

Primera parada, París. Allí viajó siendo muy joven, un estudiante de varias disciplinas cuyo objetivo era atender las clases de Bergson, uno de los pensadores más influyentes en la escena artística del momento. Allí Peiper entró en contacto con la conocida École de Paris, en donde se encontraban artistas polacos de renombre, como Mojzesz Kisling. Sin embargo, la estancia de Peiper en La capital francesa se ve interrumpida por el estallido de la I Guerra Mundial. Es así como llega a tierras españolas, como tantos otros, huyendo del conflicto hacia el país más cercano y neutral. Tras varios periplos, consigue llegar a la capital española.

En el Madrid de mediados de los años diez encontramos a un Tadeusz Peiper no solo ávido lector de prensa en varios idiomas sino corresponsal imparable en periódicos, compaginando esa labor con la poesía. Con inusitada habilidad, prontamente se rodea de los círculos artísticos más inmovadores, como es el caso del grupo ultraísta. Fundado por Guillermo de Torre y Cansinos-Asens, el ultraísmo aunque nació con un talante literario, pronto se vio rodeado de una serie de artistas que dieron una peculiar imagen y original diseño gráfico a la revista de igual nombre. Eran artistas, además, procedentes de varias geografías e influencias: allí estaba la argentina Norah Borges (hermana del gran escritor) artista de talento indiscutible en el arte de la xilografía de líneas expresionistas; el español Francisco Bores retratando una expresionista “España Negra” y que en breve competirá con el propio Picasso en París; Rafael Barradas, uruguayo de nacimiento y que pasó por Barcelona antes de llegar a Madrid, a donde ya llegó con su estilo “vibracionista” formulado, retratando las calles de la capital en un tono marcadamente moderno; más los franceses Sonia y Robert Delaunay, cuyo estilo denominado “orfista” fue aplicado también a la fabricación de mobiliario y decoración. Y artistas polacos, claro: W. Jahl, que dio imagen a casi todas las portadas de Ultra con un estilo entre lo matissiano  y lo cosmopolita. Junto a él: Zawado, Józef Pankiewicz, Marian Paszkiewicz; y el propio Peiper que escribirá en sus páginas y lo más importante: que aprenderá una lección que luego aplicará en su país revolucionando la escena artística. Es 1918, todos ellos confluyen en torno a Ultra. Es el Madrid también  de un Gómez de la Serna en cuyo café Pombo reúne a artistas, literatos e intelectuales. En breve, un papel similar al que Gómez de la Serna ejerció en España, desempeñará Peiper en Polonia…

Pasan cinco años aproximadamente, es 1920 ó 1921 y “Don Tadeo” vuelve a Cracovia. Lo hace por Viena y existe la realidad o leyenda de una supuesta maleta que perderá en la estación de la capital austriaca, maleta que, según él, contenía el fruto de varios años de trabajo. Sea como fuere, con maleta o no, Peiper llegó a Cracovia y no pasó indiferente. Era un personaje enigmático, atrayente. Ya su aspecto es relatado en las crónicas de la época, su habilidad retórica alabada. Su “modernidad” llegada de Europa a una, aún, provinciana Cracovia, conquista a un público que irá creciendo en torno a él, entre artistas y discípulos literarios.

Desde el punto de vista artístico, Cracovia (Polonia en general) en manos de los llamados formistas y los futuristas había entrado con paso firme en la modernidad. Justo entonces llega Peiper y se produce el último giro de tuerca: quería ir un paso más allá, cambiar de un modo definitivo la dirección del arte. De ahí que Peiper fundara su propia revista cuyo nombre Zwrotnica (“cambio de agujas”) era ya toda una proclama de intenciones. En torno a Zwrotnica se reúnen los artistas, ahora ya sí podemos afirmar, de vanguardia: los constructivistas (Strzemiński, Kobro, los grupos Praesens, Blok, a.r.) y toda una pléyade de artistas extranjeros de renombre. Hay que recordar en este punto, la relación de amistad y complicidad artística entre Peiper y Malévich que queda reflejada y documentada en el famoso episodio de la visita conjunta a la Bauhaus de Dessau. Peiper, además, publica tomos de poesía que son ilustrados por autores, como Juan Gris. Su estilo se vuelve cada vez más depurado y revolucionario, escribe también artículos y desarrolla su teoría de la metáfora. Y así, el guardagujas acciona el mecanismo y el cambio de agujas se efectúa, en diversos estratos y profundidades.

Peiper marcó las pautas no solo del arte sino también del pensamiento e incluso del diseño gráfico. Y es que la revolución artística vino de la misma intención del poeta: cambiar la sociedad a través del arte y la poesía. Por eso había de verse, de leerse, de propagarse esta nueva visión, que más que un estilo era una nueva forma de afrontar el mundo, un nuevo estado de sensibilidad del hombre, un pulso diferente que bien profetizó en su llamada proclama de las “Tres emes” (“Metrópolis. Masa. Máquina”) un escrito que hoy día nos sorprende por su actualidad y carácter visionario.

Esto es solo un resumen, injusto como todos los casos en los que realmente hay contenido, como es este caso. Sin embargo, confío en que estas líneas sirvan de motivación para ir a ver esta exposición, ya sea ahora en Varsovia o a partir de otoño en Madrid, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Y que sea igualmente un incentivo para acercarse a la figura de Peiper: el guardagujas que cambió el rumbo del arte y el pensamiento en Polonia.

FOT.: Fernand Léger, Ilustración del Manifiesto de Tadeusz Peiper, „Nowe usta”, 1920–1925, tinta china, papel, 27,3 × 20,9, Museo de Arte en Łódź.

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Dirección:

  • Hasta finales de agosto:
    Museo Nacional de Varsovia (Muzeum Narodowe w Warszawie)
    http://www.mnw.art.pl/
    Aleje Jerozolimskie 3,
    00-495 Warszawa
    Polonia

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