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El 2016 España y Polonia están unidas por sus Capitales Culturales Europeas, Wroclaw (Breslavia) y San Sebastián.

El 2016 España y Polonia están unidas por sus Capitales Culturales Europeas, Wroclaw (Breslavia) y San Sebastián.


Por Inés R. Artola

El año arranca con la Capitalidad Cultural en Polonia de una de sus ciudades más insignes, Breslavia, situada al sudoeste del país. Una ciudad cargada de historia, ocupada por los alemanes antes de la guerra, sus dejes arquitectónicos y estructurales son prueba de ello. El cruce de culturas fabuloso que se perpetró en su suelo sigue siendo también visible por la apertura de sus ciudadanos de sus actuaciones, de sus rincones. Suelo y rincones inesperados donde encontramos enanitos en bronce, semi escondidos, guiñándonos en los momentos menos esperados. O esos enanos naranjas, también nacidos en Breslavia, que no se escondieron sino que salieron a la calle en momentos claves para la política del país, reivindicando la libertad a través del arte y liderados por Waldemar Frydrych en su “Alternativa naranja”. El arte en Breslavia, la vanguardia y la reivindicación dejaron su sello hace tiempo, de forma modélica. 

Algo que demostró magistralmente Dorota Monkiewicz en la exposición sobre arte de vanguardia en Breslavia mostrado en el museo varsoviano Galeria Zacheta una imponente retrospectiva que sirvió como anuncio de lo que vendría  suceder en breve, la inauguración de la Capitalidad Cultural.


No es fortuito, ni mucho menos, la elección de Breslavia para tal puesto. Sus calles, sus ciudadanos -y sus enanitos- han visto crecer el entramado público en un tiempo récord con excelentes resultados. La ciudad ha conservado sus rincones de solera pero también ha dado paso a nuevas edificaciones, como el colosal Forum de la Música, un edificio de tremendas dimensiones, de líneas puras y elegancia ultra moderna que se encuentra a pocos pasos del centro histórico de la ciudad. Se ha visto también más comunicada aún, y bienvenidas sean las medidas de infraestructura como hacer llegar el tren rápido (nada que envidiarle al AVE español, más bien este último debiera envidiar sus tarifas…) y más vuelos en uno de los aeropuertos más cómodos y relajantes que he visto a lo largo de mis viajes. No hay excusa, por tanto, para no ir. Todo está servido en bandeja.
El fin de semana de la inauguración, en los días 15 y 16 de enero, los tulmultos de visitantes por las calles eran sencillamente espectaculares. Y en sus calles, mucho espectáculo, aquí un concierto de jazz, allá uno de piano solo, más arriba espectáculos de acrobacia en la plaza principal, galerías abiertas en horarios nocturnos.

Inauguraciones de todos los tipos, para todos los gustos. Y para todo el público, subrayamos, porque uno de los puntos clave de la iniciativa ha sido la implicación y concienciación ciudadana, algo que se respiraba por doquier. Los hoteles quedaron ese fin de semana repleto, los transportes también. Que todo ha de ser criticado, no cabe duda, y en proyectos tan imponentes hay siempre detractores. No llueve a gusto de todos, pero cierto es que en un plazo mínimo la ciudad se transformó y el programa cultural se colmó con un equipo de programación que ha trabajado a contrarreloj y colosalmente para tener todo a punto. De modo que, desde ya, damos la enhorabuena al director Krzysztof Maj por los esfuerzos y valentía.


Dentro del programa inmenso de la Capitalidad Cultural, merece un puesto de honor el apartado de artes visuales comisariado por Michal Bieniek, gran profesional y conocedor de la escena nacional e internacional. Esa apertura y el carácter receptivo característico de la ciudad se vio cristalizado en la misma inauguración de la Capitalidad Cultural que hicieron coincidir con la apertura de la exposición “Eduardo Chillida. Sonoridades”. Un hermoso gesto de diálogo, un guiño cómplice a la capital hermana, San Sebastián, en donde nació uno de los escultores más internacionalmente conocidos e influyentes de la segunda mitad del siglo XX. La exposición, comisariada por la abajo firmante, ha supuesto un reto llegado a muy buen puerto.


Sonoridades no es una exposición al uso, ni mucho menos tradicional. Es un nuevo punto de vista en torno a la música y Chillida. ¿En qué consiste esta novedad? En pocas palabras, si hasta ahora la relación entre el arte sonoro y el artista se basaba en aquello que él, el hombre, escuchaba, ha llegado el momento de hablar y mostrar la música que inspira su propia escultura, que emana de ella. De esta suerte podemos, por un lado, tener una fusión perfecta entre arte musical y plástico (espacio y tiempo), por otro, descubrir una nueva faceta en Chillida, esa que nos habla de su obra como algo ciertamente atemporal, trascendente y plenamente actual, y finalmente, poder escuchar (¡por fin!) música contemplándolo. Un proyecto completamente innovador y pionero que se ha hecho realidad gracias al apoyo de ESK Wroclaw 2016.


¿Cómo hacer posible esta “sonoridad” frente a la “música callada” que vino a Breslavia a exponerse en el año 2004? Mediante la intervención “en vivo” de dos compositores (los dos, se me antoja, más cercanos al ideario chillidiano de la pléyade de maestros que de un modo u otro se inspiraron e inspiran en la obra del escultor donostiarra) que han trabajado ex profeso para la exposición. Gorka Alda, oriundo de San Sebastián también, es un compositor que considera, ni más ni menos, a Chillida como su maestro. Conocidas son sus intervenciones sonoras en Chillida Leku o el Peine del Viento. Aquí, en Breslavia, preparó especialmente dos instalaciones sonoras para dos de los espacios de la exposición: Besarkada para las salas que albergan los trabajos en hierro más imponentes en contrapunto con las gravitaciones en papel, y Elogio de la Luz que hace emanar en una suerte de aura el alabastro imponente situado en la sala de la capilla, un lugar de recogimiento e introspección en el que la música envuelve al visitante y que resulta ser el punto culminante de la exposición. Por otro lado, José M. Sánchez-Verdú, ha diseñado un ciclo musical en torno a la exposición. Una suerte de paseo sonoro interpretado en la misma galería, con intérpretes y público deambulando, de la mano del solista Iñaki Alberdi (acordeonista, y una personalidad clave en este proyecto igualmente) y del cuarteto de saxofón Sigma Project. Inspiraciones sonoras, temporales, espaciales y filosóficas que, por fin, han podido conjugarse en un perfecto equilibrio.


La exposición cuenta con 40 objetos, resaltando más el lado escultórico que gráfico. Por primera vez la proporción de esculturas es mayor que de obra en papel. Y es que la escultura es lo que más remite directamente a esa sonoridad implícita de los objetos y materiales. Un tercer elemento son las frases escritas de puño y letra por el artista y que se encuentran en determinados puntos de las paredes de las salas; haikus sencillos y profundos, preguntas que interpelan al espectador en un recorrido íntimo, recogido, individual. Las salas, sumidas en la penumbra con muros y suelo negros y una mínima iluminación han sido diseñadas también para la ocasión por el dúo Matosek-Niezgoda varsoviano.


Y si la exposición no es al uso, ni música, el catálogo no podía ser menos. Una publicación que por vez primera ha aunado la aportación de especialistas tanto en el campo del arte como musicológico. Un libro, por tanto, de investigación pionero en ambos ámbitos, exquisitamente diseñado y ricamente ilustrado con las imágenes de la exposición, de los objetos, del artista y de partituras.


El día, créanme, de la inauguración fue asombroso. Más de novecientas peronas asistieron la misma noche de la apertura, y hasta sobrepasar los dos mil visitantes el primer fin de semana. Los medios nacionales e internacionales se hicieron eco como la pólvora. Fue, sinceramente emocionante, y desde aquí quisiera dar las gracias al buen hacer y la implicación de Breslavia en un proyecto en el que he trabajado durante casi dos años y que por fin ha visto la luz en las mejores condiciones.

Gracias y enhorabuena a todos los que colaboraron.

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