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El mes de la fotografía en Cracovia

El mes de la fotografía en Cracovia

El mes de la fotografía en Cracovia
por Inés R. Artola

¿Crisis?, ¿qué crisis?

Mayo es un mes plagado de refranes populares en muchas lenguas. De mitos también. Un mes recibido por los enamorados con total exaltación  y  por los alérgicos con absoluto pavor. Pero en Cracovia es, ante todo, es el mes de la fotografía. Con mariposas en el estómago  o cargados de antihistamínicos y pañuelos, resulta ser cita obligatoria: junto a los festivales de Lodz y Breslavia, conforma el triunvirato polaco de convocatorias anuales en torno a la fotografía.
Este año, para la 14 edición, el título “¿Crisis?, ¿qué crisis?” provoca con acidez al espectador. Tal vez no hay un término mejor asimilado por todos los habitantes en la actualidad. Buen reclamo, y mejor pregunta.  El comisario general, Lars Villumeit,  inicia el catálogo con las siguientes palabras: “¡Parece que de nuevo tenemos crisis!, pero ¿es verdad? Y si es así, ¿qué crisis y qué entendemos bajo este concepto? (…) Todos los días podemos leer, escuchar o ver sobre ellas: crisis de ecología y medio ambiente, crisis climática, crisis energética, crisis bancaria, del mercado y la moneda, crisis financiera, crisis del capitalismo, crisis de los medios de comunicación impresos, crisis social y política, crisis asociada al terrorismo, crisis de la posthumanidad y la postnaturalidad, crisis de los espacios públicos y servicios, crisis de personas, crisis de identidad, crisis personales, crisis del sentido o (hace poco) de la democracia, crisis de la constitución, crisis de la migración, crisis de lo humanitario, y por último pero no menos importante, la crisis institucional de la Unión Europea”. Por crisis que no falten.
 Los carteles, diseñados por una española (oyen bien, se llama Pilar Rojo) muestran un collage de algunas de las imágenes expuestas en las decenas de exposiciones diseminadas por la ciudad, desde el casco antiguo hasta el barrio judío de Kazimierz, y más allá. Exposiciones en salas convencionales pero también por las calles o en recintos alternativos. Encuentros con autores, conferencias, visitas, fotolibros, portfolios. El programa es bastante suculento. Lástima que no demasiado claro, ni el plano ni las exposiciones resultan fáciles de descifrar. La crisis entra, por tanto, tratando de encontrarlas y llegar a tiempo a los sitios. Una suerte de gincana fotográfica con buenas y no tan buenas sorpresas.
El búnker de las artes, al norte de la ciudad, albergaba tres exposiciones que mezclan la fotografía con la instalación y los nuevos medios. “La ingeniería de la imagen: (re) activación de la fotografía” es el título de la muestra. Participan en ella el dúo Kӓllstrom y Thobias Fӓldt, centrados en el estudio de los mecanismos de poder, en la problemática de los mass media, la narración histórica y la percepción de los acontecimientos políticos.  Los siguen Werker Magazine y Discipula, estos últimos tal vez sean el fragmento más interesante de la exposición. Un colectivo de artistas que funcionan desde 2013 organizando exposiciones, talleres, instalaciones. Su análisis de la imagen y los medios empleando las mismas herramientas que procura la sociedad de consumo, muestran un estudio de la percepción de la imagen como sumisión política. Arte de concienciación que en este caso muestra, entre otros, retratos de “personas” superpuestos con bodegones de comida que, lejos de ser atractivos,  crean un gran desasosiego por la acumulación y especificidad de las imágenes. Una invitación a la autoreflexión y a la auto crítica.
Encontrar la calle Molino número 10 (por decirlo en castellano) tampoco resulta tarea fácil para alguien que no es del lugar. Sin embargo, tras localizar la calle, llegar al final y torcer casi en una ruina, se abre un recinto cautivador, de reciclaje, que hace en su interior la múltiple función de espacio expositivo, librería y zona de descanso. La exposición “Miradas frescas. Nuevas narraciones visuales” presenta, entre otros, una buena colección de fotografías seleccionadas, primorosamente clasificadas como si de un compendio actual warburiano  se tratase, de universos dispares en pequeño formato. Decenas de autores unidos por la fotografía. Imágenes casuales que siembran un muro lleno de revelaciones.
Pasando a la zona sur, atravesando el Vístula, nos acercamos al nuevo centro dedicado al genial Tadeusz Kantor. La nueva Cricoteca es un edificio merecedor de visita tanto por su continente como por su contenido, y desde aquí se lo recomendamos. En mes de la fotografía, no obstante, no tiene exposición en su interior, sino solo en la entrada: una instalación del colectivo Sputnik que desde hace casi una década trabaja y expone por todo el mundo. Fotógrafos de toda Europa que documentan los lugares de donde proceden, que muestran esos “puntos cero” evidenciando las crisis territoriales que avasallan toda Europa, tal vez desde sus comienzos. Un collage tridimensional fotográfico en el que detenerse y entretenerse a las puertas del centro de documentación de Kantor.
Para concluir, siguiendo en la zona sur,  el Museo de Arte Contemporáneo MOCAK pareció ser la localización que más se resistió. Rodeado de obras y carreteras, el recorrido hasta llegar a este islote de arte actual se hace, sin duda, de rogar. Una pena que un edificio tan bien diseñado y generoso en espacio, haya cedido solo al festival de fotografía pequeñas galerías anexas al conjunto. La exposición del belga Max Pinekers acumulaba en pocos metros cuadrados sus impresiones fotográficas acerca del amor y el matrimonio durante un viaje a la India que realizó con su pareja. Un nota de romanticismo con cierta peliculería no convincente del todo. Otra pequeña galería mostraba los trabajos de Aneta Grzeszykowska, una de las artistas fotógrafo polacas más interesantes de la escena actual. Lástima, sí, que le dieran tan poco espacio. Los trabajos de esta artista bien merecen grandes salas y compartimentos que alberguen los mundos y submundos que muestra en fotografías de técnica implacable con temáticas turbadoramente profundas. Pero sí, por ver de nuevo su obra, la excursión mereció la pena.
Y mucho más, claro, solo que no tenemos espacio. Al menos ya lo saben: mayo tiene ahora, en Polonia, un significado más allá que el tradicional, el médico o amoroso. No se lo pierdan.

 

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