Institutio Polaco de Cultura Madrid
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Denunciar la guerra, sacarle la lengua al dinero.

Denunciar la guerra, sacarle la lengua al dinero.
FOT.: Exposición „Bogactwo”. Gregor Różański, „A wy co, biedaki?”, 2016. Fot. Marek Krzyżanek

Denunciar la guerra, sacarle la lengua al dinero.

por Inés R. Artola

 

Dos de las exposiciones temporales que alberga la Galería Zacheta este otoño hablan justamente de esto. La verdad es que no sabemos si estaba planeado por los programadores del museo, lo que sí es cierto es que ambos temas se complementan y dan una buena bofetada de consciencia a todo aquel que se acerque a visitarlas.

 

Krzysztof Wodiczko y Jarosław Kozakiewicz han presentado un proyecto conjunto para la fundación de un centro de la cultura del desarme, de la paz. El Instituto del desarme de la cultura es una iniciativa que por ahora se muestra en planos y documentos escrupulosamente estudiados pero que de hacerse realidad, sería todo un triunfo por parte del sector cultural polaco. El centro habría de ubicarse en una plaza contigua precisamente a Zacheta (el museo donde ahora se expone el proyecto) y precisamente coincidiendo con el famoso monumento al “soldado desconocido”. Situado en este enclave y empleando un nivel inferior en toda la superficie, el diseño pulcro y diáfano es algo que ya estéticamente llama de por sí la atención. Sin embargo, no es la forma en este caso lo que nos hace detenernos sino el contenido: este centro habría de ser un punto de encuentro para los ciudadanos, un lugar de conciliación de las razas y culturas. Un claro NO a las guerras. No solo por la situación (penosa) de la política exterior mundial en torno a este tema sino por el caso concreto de Polonia (el país más devastado tras el segundo gran conflicto mundial, que luego ha sufrido regímenes autoritarios, por no hablar ya de su historia anterior…) en donde cada vez más la sociedad y los círculos artísticos muy concretamente están reclamando injusticias, luchando comúnmente por cuestiones que nos hablan sin tapujos y a bocajarro del respeto a  los derechos humanos.

 

Un lugar clave  simbólica y visualmente escogido con agudeza en un país que tiene mucho que decir al respecto en un proyecto de manos de uno de los artistas polacos actuales más internacionalmente reconocidos que no se cansa en su tarea de reivindicación y de denuncia. K. Wodiczko, residente en Nueva York de hace años, es conocido por sus intervenciones en el espacio público, por sus actuaciones en plena vía urbana, en lugares simbólicos pero con accesibles para todos. Su obra, cargada de denuncia política y social, de democratización en el más puro sentido del término, es característica por su elegancia y buen gusto (a pesar de la crudeza de los temas que trata) así como por el uso de investigaciones de ingeniería  o nuevas tecnologías. En este sentido, hablamos de ciencia al servicio del hombre y del arte, no al revés como una vez soñaron los futuristas… Para nosotros, españoles e hispanohablantes en general, nos es inevitable al leer y ver su obra, relacionarlo con la creación de otro de los titanes de la escena actual: el chileno Alfredo Jaar, un artista igualmente comprometido con la denuncia cuyo arte trata de concienciar al público, de abrirle los ojos ante eso que medios de comunicación y políticos tratan de manipular, si no de ocultar descaradamente.

 

En contraste con la sobriedad y elegancia de esta exposición se halla la segunda (¡en la misma planta del museo!) bajo el irreverente título Money to burn. Un despliegue de obras con formatos variopintos pero que se aglutinan en torno a un solo aspecto: mofarse del dinero, demostrar el empacho desbordado del neoliberalismo. Arranca la muestra con el simpático (al tiempo que tristemente real) vídeo del grupo Azorro en el que sus miembros escuchan un mensaje de voz en donde se les propone participar en una prestigiosa exposición….sin presupuesto; las carcajadas de todos ocupan buena parte del metraje. Y eso, es solo el comienzo.

 

 El trabajo de papiroflexia de Smolenski en el que el artista primorosamente ha doblado billetes de diversos países haciendo conjugar a modo de puzles caras de magnates de culturas y geografías lejanas e irreconciliables, es un buen ejemplo gráfico de lo mucho que daña el dinero, de los enfrentamientos que causa en el mundo. También tiene su pared, como no, el grupo Luxus de Breslavia y sus icónicas orejitas de ratón Mickey, ese que también inspiró a los músicos de la banda Miki Mousoleum  (a su vez cercanos a los artistas) englobados todos ellos en la misma línea reivindicativa en los jugosos años 80 polacos. La sorna sin pelos en la lengua de Dorota Masłowska con su vídeo clip es una buena ilustración  las consecuencias altamente kistch y absurdas del dinero. La rotundidad exagerada de las formas en diamante de Gomulicki nos asalta en la sala, y escondido en una esquina, un kebab de ámbar que tan bien conjuga ese binomio que tan mal se lleva como lo es el  gusto vs dinero. And last but not least, el refinado trampantojo de un siempre selecto y audaz Nicolas Grospierre creándonos la ilusión óptica de una cámara acorazada de un banco, donde todo es mentira. Como el dinero. 

 

De modo que, más que “dicho en plata” deberíamos decir “en baño de oro”…

 

A pesar de la estética radicalmente opuesta en ambas exposiciones nos plantean verdades como puños que si no se rozan, se fusionan paralelamente.

 

…Para que luego digan que el arte no tiene un papel activo en la reivindicación Si algunos de ustedes son escépticos respecto al asunto, solo les diremos aquello de:  “Pasen y vean”.

 

 

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